“El reto que implica para una joven trabajadora ser madre”

Ser madre trabajadora implica, indudablemente, uno de los mayores retos que se le pueda presentar a una mujer en la vida. De ahí, que muchas lo piensen una y otra vez antes de dar ese paso tan importante que significa ser mamá, y todo el proceso que viene aparejado a ello que conocemos como la maternidad.

Si a la condición de ser madre le agregamos la de ser padre, el reto es mayor aún, y, aunque no es mi caso, conozco a muchas que han tenido que asumir la crianza de su hijo o hijos, solas, y en ocasiones, sin un familiar o ser querido que le ofrezca un apoyo moral o material, que estoy consciente que nunca llega a suplir la presencia de un padre, pero sí ayuda en gran medida.

Existen además, aquellos padres que viven con su pareja, pero es como si no estuvieran, porque, como decimos los cubanos, no disparan un chícharo, en cuanto a la contribución de las labores de la casa. En muchos, reina el llamado machismo, que aunque en la actualidad a ellos no les gusta lo cataloguen así, esa es la palabra que lleva, pues en el siglo XXI todavía persiste.

También están aquellos que se creen que por ser padres tienen todo el derecho sobre los hijos, y no es menos cierto que lo tienen, porque realmente la ley le da, esa, hasta cierto punto, injusta potestad. He escuchado casos donde el padre solo por fastidiar a la madre no le permite viajar a otro país con su niño, y en la mayoría de los casos, no por separarse de los hijos, sino por el temor de no ver más a la progenitora de su pequeño, por quien todavía tiene fuertes sentimientos.

Lograr una buena educación en nuestros niños es cada día más compleja, y también constituye un reto, y muchísimo más si hablamos de una madre, joven y trabajadora, pues según las historias de nuestros antepasados, los pequeños de antes eran mucho más dóciles que los niños que vemos hoy en día. Esto también lo podemos corroborar no solo con las historias que por años hemos escuchado de ellos, sino por las numerosas familias que tuvieron.

En ocasiones mami me decía: “espero que no te quedes con un solo hijo”, ahora, luego que tuvo que cuidar de mí y mi pequeño, por más de 15 días por estar operada, su criterio ha cambiado totalmente. Luego de ese período le he escuchado murmurar: “si ustedes me hubieran dado la lucha que da Ariancito, yo creo que no las hubiera tenido a las tres”.

Realmente, no sé qué comían los niños de antes a diferencia a los de hoy, o si es que la Prenatal o el Ácido Fólico, que el médico casi nos obliga a ingerir diariamente, les da esas energías. Lo cierto es que hasta nuestros abuelos se han dado cuenta de la diferencia.

No es menos cierto que todo no es negro negro, ni blanco blanco, pues en Cuba, las mujeres tenemos el privilegio de contar con los Círculos Infantiles, esa genial idea impulsada e iniciada por Vilma Espín, que gracias a la Revolución se pudo consolidar el 10 de abril de 1961, y hoy, somos miles las féminas agradecidas.

Esa opción que se nos ofrece a las madres trabajadoras, y que ahora se ha extendido a las del sector particular, nos permite integrarnos plenamente a la sociedad, además, desempeñan un papel importante en la formación de nuestros pequeños a partir de los 14 meses.

En mi caso, no sé que me haría sin el Círculo Infantil, pues gracias a sus educadoras y auxiliares pedagógicas, el reto que implica para una joven trabajadora como yo ser madre, es cada día menor y llevadero.

“Superación profesional, ¿una utopía o una meta alcanzable para las madres trabajadoras?”

Aunque para una madre ejemplar, su papel más importante es la buena educación y crianza de su hijo, así como la preocupación por su familia y demás seres queridos, no es menos cierto que para la mayoría de nosotras, también jóvenes trabajadoras, la superación profesional es una de nuestras metas.

Ese constituye uno de los desafíos que se nos presenta a lo largo de la vida laboral y que debemos tratar de alcanzar, pues dice mucho de la fuerza de voluntad que tenemos para conquistar nuestros sueños.

Lograrlo, depende además, no solo de esa capacidad innata que poseemos muchas mujeres, también, del apoyo que sean capaces de ofrecernos determinadas personas, hasta cierto punto, indispensables en nuestra vida, y para quienes siempre hemos estado cuando nos han necesitado.

Un rol fundamental desempeña además nuestra pareja, de quienes siempre esperamos apoyo. Es necesario ponerse de acuerdo a la hora de repartir o establecer, imparcialmente, las responsabilidades, es preciso también  organizar los compromisos profesionales de ambos para cumplirlos, tarea que requiere de flexibilidad y comprensión de las dos partes.

Pero, aunque a veces ese apoyo no siempre está, por una razón u otra, es necesario que nos tracemos metas y establezcamos prioridades, pues se debe tener muy presente la máxima de: “Yo sí puedo”, y confiar en nosotras mismas y la habilidad que tenemos para hacer las cosas.

Es necesario “adelantar lo que podamos”, como solemos decir en el argot popular cubano. Aprovechar al máximo nuestro tiempo es una prioridad para cumplir lo planificado, para luego dedicar un pequeño espacio al estudio y la lectura de materiales que enriquezcan los conocimientos que poseemos, o aportar otros importantes en el desarrollo de maestrías, doctorados o cualquier otro tipo de superación profesional.

También es fundamental no entretenernos en cuestiones banales que no aportan nada a nuestra vida, hay que tener bien claro cuáles son las cosas útiles y cuáles las inconvenientes.

Recordar siempre, que el tiempo a veces puede ser un poderoso enemigo que atenta contra nuestros planes, de ahí, la importancia de saber aprovecharlo al máximo.

Para lograr la superación profesional, es esencial sentir amor por la profesión que ejercemos, a la que ciertamente hemos dedicado muchos años de estudio. No pensar que un hijo va a frenar nuestra carrera, sino más bien, que constituye una inspiración para ser mejores cada día, con el objetivo de que ellos también estén orgullosos de su madre.

Las mujeres del siglo XXI tenemos disímiles desafíos en el presente y en el futuro, y demostramos, contrario a lo que especulaban nuestros antepasados, que la realización personal es posible junto al éxito laboral. Además, que tenemos las mismas capacidades de superación que los hombres.

El tiempo ha pasado, y con él han cambiado las creencias, las costumbres y los  derechos y libertades que se nos otorgan a las féminas. Las nuevas madres jóvenes y trabajadoras de la actualidad somos muestra de la versatilidad de la mujer moderna para enfrentarse a cualquier desafío, además, reafirmamos con nuestro actuar diario que no es preciso elegir entre ser madre y profesional, pues estamos más que preparadas para desarrollar ambas funciones.

Muchas esperaban cumplir los 30 años y en ocasiones más para tener un niño, pues existía el temor de que se tronchara su carrera. Ahora, son miles las madres jóvenes que deciden, al igual que yo, llevar de la mano esas dos tareas tan complejas a veces.

Por todas las cuestiones enunciadas anteriormente, la superación profesional de las madres trabajadoras no puede constituir una utopía, debe ser solo, otra de las tantas metas que debemos proponernos alcanzar en nuestra vida.

“Estrenarse como madre, la experiencia más extraordinaria en la vida de una mujer”

Desde pequeña siempre me encantaron los bebés, me gustaba cargarlos, darles de comer y jugar con ellos. A diferencia de mis hermanas siempre mostré mayor interés por los niños, seguramente por ello fui la primera en convertir a mis padres en abuelos. Esto no quiere decir para nada que haya sido una madre precoz, nada de eso, yo tuve bastante juicio con mis decisiones, y establecí mis prioridades.

Fui una joven estudiosa, inclinada por las letras, de ahí que elegí la carrera de periodismo para hacerme universitaria. Luego de ese período comencé a trabajar como Redactora Reportera de Prensa en la Emisora Provincial Radio Cadena Agramonte de la ciudad de Camagüey, en Cuba, donde aún laboro.

Después de culminar el servicio social decidí junto a mi pareja, que había llegado el momento anhelado, mi estreno como madre. Esa fue una decisión muy bien pensada, porque siempre me habían dicho que no era lo mismo cuidar de los demás niños que de los propios, pues los ajenos cuando te fastidian mucho los devuelves, pero los tuyos, son tuyos para toda la vida, hasta cuando son hombres y mujeres.

A partir de ahí ya no existe más el yo, sino el nosotros, ya no puedes pensar solo en ti, ahora tu niño ocupa el primer lugar, él debe ser la prioridad en todos los casos, pues depende exclusivamente de ti y de quien esté a tu lado.

Por otro lado, no es menos cierto que el período de gestación a veces es incómodo, pero la crianza es más difícil aún, porque esa sí que no termina nunca.

Cuando estás embarazada tu cuerpo, y tus hábitos y costumbres sufren varios cambios. Aquí, te enumero algunos, si has tenido o conoces de otros que seguramente se me quedaron te invito que los compartas conmigo y los demás lectores.

1-La barriga, que como es natural te crece y luego del parto cuesta para bajarla, si lo sabré yo. También aparecen estrías, menos mal que no sucede en todos los casos, generalmente las mujeres más flacas son las que conocen ese cambio.

2-Los senos, igual que la barriga crecen muchísimo, pero, en este caso vuelven, por lo general, a la normalidad.

3-La cara, en algunas ocasiones se mancha.

4-Te vuelves despistada, te distraes con cualquier cosa. En mi caso no recuerdo las veces que me dijeron que tenían ganas de que pariera a ver si se me acababan los momentos de despiste.

5-Pasan muchas horas en las consultas, haciéndote análisis, ultrasonidos, y los incómodos, pero necesarios tactos.

6-Tu apetito se vuelve feroz, creo que si me hubieran puesto una vaca en el plato me la hubiera comido, aunque creo que lo habría pensado bien, mejor cambio de animal, si eres cubano entenderás por qué lo digo.

Luego del parto las transformaciones son mayores, estas que te menciono son solo algunas:

-El cabello se cae muchísimo, y además tampoco tendrás mucho tiempo de peinarlo ben.

-Tus uñas ya no estarán siempre perfectas, porque ni siquiera en tus ratos libres tendrás deseos de pintarlas.

-Los ojos serán más que ojos ojeras, pues el tiempo para dormir no será el mismo, y si la cigüeña decide enviarte un pequeño como el mío, que en los primeros meses se despertaba varias veces en la noche y ahora al menos una vez, te aseguro que será así.  -El hambre persiste también después del parto, pues al darle el pecho al niño tendrás mucho apetito.

-Tu maquillaje estará echado al olvido, a veces saldrás y te darás cuenta que se te pasó.

-El agradable olor del perfume ahora será pura leche.

-La casa ya no tendrá ni la limpieza ni el orden de antes, en cualquier lugar encontrarás pañales, toallitas, baberos, un carito tirado o peor aún un charquito de orine. No te preocupes por eso, es solo parte del proceso de la maternidad, por el que casi todas las mujeres han pasado.

Y este es solo el comienzo para las modificaciones, un niño te cambia totalmente la vida, pero aunque es verdad que son muchas las cosas que hasta cierto punto ves como negativas, todas ellas se vuelven insignificantes, minúsculas, cuando ves a ese pequeño e indefenso ser ya en tus brazos, esa mirada inocente que observas cada mañana. Y al pasar los días ese querer se va multiplicando de tal forma que las palabras no alcanzan para explicarlo ni describirlo.

No hay nada más importante que escuchar a tu bebé decir mamá, decir te quiero, mi niño todavía no lo ha dicho, pero espero con gran entusiasmo ese momento. Ver sus primeros pasos es algo mágico, y sufres cada caída que se da para aprender a caminar.

Les aseguro que en mi caso, este estreno como madre constituye indudablemente, la experiencia más extraordinaria que tenido en mi vida, solo espero que toda mujer que ya haya tenido un niño coincida con mi criterio y sean muy felices criándolos, pues aunque a veces nos colman la paciencia, saben cómo contentarnos con ese cálido beso que solo ellos nos saben dar.